He leído hace poco la noticia de que un juzgado había ordenado prisión provisional a una mujer por cortar con un cuchillo el pene del dueño del bar en el que trabajaba por presuntamente defenderse de una agresión sexual de la que estaba a punto de ser víctima. Parece que no hay suficientes pruebas que demuestren lo que dice la mujer y además se identifican ciertas incoherencias en su relato (un discurso desorganizado e incoherente suele ser habitual después de vivir un evento traumático). El hecho de que los dos pudiesen ser pareja también es un dato que reduce la credibilidad de la mujer (las agresiones sexuales también ocurren en el ámbito de la pareja). Independientemente de lo que haya pasado, que yo no sé, porque no estaba ahí, me surgen muchas dudas.

¿Cómo va una mujer a intentar defenderse de una agresión sexual si luego puede ir a la cárcel por ello?

¿Qué mensajes sociales se están dando a las niñas y a las mujeres? Déjate violar que así con suerte puedes demostrar algún moratón o desgarramiento y con más suerte aún puede que esa persona vaya a la cárcel, porque también podría ocurrir que un juez o una jueza interprete que lo que en realidad pasaba es que estabas involucrada en una noche de jolgorio y desenfreno consensuado.

¿Cómo se demuestra el maltrato psicológico o la manipulación prolongada? ¿No es injusto que algo que no sea tangible no se pueda penalizar?

¿Da igual el sufrimiento, el miedo crónico que esa chica vaya a tener durante probablemente mucho tiempo en sus relaciones sociales, de pareja y en sus relaciones sexuales? ¿Da igual su pánico, su posible trastorno por estrés postraumático? ¿De verdad nos hemos deshumanizado hasta el nivel de que lo que sienta una mujer nos da igual porque es una mujer? Porque ellas llevan aguantando esto mucho tiempo y deberían dar gracias de los avances que han conseguido y no pedir más, que ya se están pasando o porque son unas exageradas e histéricas o porque su rol debería de ser más sumiso. Personalmente me parece repugnante que se pueda argumentar algo así.

A veces, los insultos y los desprecios pueden hacer más daño que un golpe. Recuerda si no, algún momento en el que hayas recibido una torta (por parte de personas de tu edad, algún familiar, etc.). Lo que más duele al recordar aquello suele ser lo que te dijeron, la cara de desprecio que percibiste, la humillación, etc. Más que el daño físico suele pesar la sensación emocional que te queda.

También es importante diferenciar entre una falta de respeto puntual y las que se prolongan en el tiempo. Las segundas suelen dejar mayores consecuencias y suelen mezclarse con la manipulación de quien trata de maquillar y difuminar lo que hace: “Es una broma, lo interpretas mal, yo no he dicho eso, te lo inventas, qué exagerada/o, etc.” El llamado efecto luz de gas describe parte de este proceso, en el que el maltratador manipula e impone su opinión hasta el punto de que la víctima se cree que está equivocada en su criterio y que el otro tiene la verdad absoluta en todo.

Si alguien humilla, pero luego dice que no lo ha hecho, que lo has interpretado mal, el problema es suyo. No hay malas interpretaciones cuando hablamos de que una persona menosprecia tu derecho a no estar de acuerdo, a que pongas un límite o a que que no te guste o no quieras algo.

En estos casos, considero que hay que tener más en cuenta al equipo psicosocial de los juzgados, ya que son los especialistas en salud mental y en procesos psíquicos e interpersonales. Son ellos los que tienen los conocimientos y la experiencia evaluando y tratando estos casos.

¿Por qué con los niños tenemos más conciencia cuando nos enteramos de los abusos que ha habido en la Iglesia o cuando sufren maltrato y sí que parece haber un mayor consenso social en cuanto a que eso es intolerable?

Es probable que en ellos se vea claramente que son más vulnerables y que necesitan de nuestra protección. Las mujeres obviamente no necesitamos de la protección de nadie, porque somos personas adultas, pero creo que suele haber una diferencia entre nosotros bastante clara y es que los hombres, por lo general, son más fuertes físicamente que las mujeres, y en eso pueden superarnos en cuanto a poder. Poder de defendernos y poder de escapar frente a una agresión.

Ser más fuerte físicamente no es para darse palmaditas en el pecho, alardeando de superioridad, es para ser consciente de ello y para que se aprenda a canalizar la fuerza hacia aquello que es necesario y útil. Ejercer tu fuerza física contra una persona a la que quieres o contra una persona más débil físicamente no es para enorgullecerse, es para sentir todo lo contrario.

La historia y cultura machista que nos antecede sigue pesando en nuestras costumbres y modos de actuar. Por supuesto que se ha avanzado y eso es mérito de toda la sociedad, de hombres y de mujeres, pero por desgracia siguen muriendo al año muchas mujeres (45 en 2020, de las cuales 10 se suicidaron), siguen presentándose demasiadas denuncias (en 2020 hubo en España 25436 condenados por violencia de género) y sigue habiendo muchísimas otras formas de machismo como el envío de vídeos privados y sexuales por WhatsApp sin el consentimiento de la chica. No añadimos aquí todas las personas que sufren violencia de género, pero que no denuncian por miedo a que eso no resuelva nada y a que no haya justicia.

¿Por qué no salen los datos de las muertes en las portadas de los periódicos como ocurría con el terrorismo, por ejemplo? ¿Qué pasaría si estos datos fuesen de hombres asesinados por sus mujeres? Probablemente se trataría como la emergencia social que es.

Los hombres no son malos, esto es más que una obviedad. Hay muchos hombres que son muy buenas personas, más que algunas mujeres y menos que otras, seguro. Eso está clarísimo. También hay mujeres que son machistas y que defienden menos los derechos de las mujeres que muchos hombres.

No se trata de crucificar a nadie, sino de darle la importancia que tiene a una situación de enorme injusticia. Todos podemos con nuestros valores, actitudes, palabras y hechos remar a favor de la igualdad, remar a favor de lo que es justo.

Por supuesto que hay otras causas que también hay que señalar y por las que hay que luchar, pero el tema del machismo sigue siendo alarmante en nuestra sociedad, por los casos de violencia de género que hay y porque se extiende a todos los ámbitos de la vida social, incluso a la justicia.

Termino esta entrada del blog, que empecé hace unos días, con la noticia de que un hombre ha matado a su hija de seis años y probablemente a su otra hija de un año en un acto de violencia vicaria (agresión a una persona con el objetivo de dañar a otra) por no poder superar que su exmujer hubiera rehecho su vida. Él no contaba con denuncias previas por violencia de género. ¿Cuántos casos más habrá parecidos a este que no estén registrados?

Este señor no está loco, sino que es violento y tiene una mentalidad machista.

 

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...