La terapia Gestalt pertenece a la rama de las terapias humanistas, las cuales se centran fundamentalmente en la conciencia emocional, así como en la importancia por poner el foco en el presente, en lo que uno siente aquí y ahora.

Fue en la década 1940 cuando el psiquiatra alemán Fritz Perls, junto a la psicóloga Laura Perls, desarrollaron un modelo terapéutico, que ponía el énfasis, no tanto en lo que falla, sino en las capacidades y potencialidades de cada persona como motor para afrontar sus dificultades y para poder vivir una vida plena y libre, coherente con quién cada uno es.

Formación y disolución de una Gestalt

En alemán, Gestalt significa forma. Perls, equiparó las “formas” a aquellas emociones, que acaparan nuestra atención y que nos informan de necesidades personales. Toda forma se compone de diferentes partes (por ejemplo, una mesa común se compone de 4 patas y un tablón).

La autoregulación emocional es un proceso que funciona de manera innata, como ocurre en otros procesos de regulación de los organismos (por ejemplo, en la homeostasis). En esta línea, Perls identificó las siguientes partes o fases que se dan en el proceso de formación y disolución de una Gestalt:

  1. Sensación: En la interacción de la persona con su entorno se producen sensaciones únicas, que dependen de tus características personales.
  2. Consciencia: La persona se hace consciente de su emoción en ese momento.
  3. Excitación: Se produce internamente una movilización de lo que uno necesita.
  4. Acción: Se ponen en marcha acciones para conseguir ese objetivo.
  5. Contacto: Conectas con aquello que te ayuda.
  6. Realización: Has cubierto esa necesidad y sientes una sensación de bienestar.
  7. Retirada: Has logrado un equilibrio, te sientes satisfecho. Ya puedes dirigir tu atención a otros estímulos.

Las dificultades a nivel psicológico vienen cuando uno reprime sus emociones y sus necesidades por no darles importancia, por miedo a que si piensan en sí mismos vaya a haber alguna repercusión negativa en el entorno, etc.

Si como mecanismo psicológico siempre antepones a los demás y no atiendes a lo que tú necesitas, aparecen desequilibrios en la autoregulación emocional, generándose en muchas ocasiones síntomas de ansiedad, tristeza profunda, culpa excesiva, etc. Obviamente en la convivencia con otras personas, habrá momentos en los que cedas y cuides al otro, porque no te supone una gran molestia o pérdida personal. El problema viene cuando sí estás hipotecando necesidades, que para ti son importantes y que están ligadas a tu felicidad, por el otro. Cuando el cuidado de tus emociones está siempre en la cola, tu vida se ve perjudicada. El cuerpo te manda alarmas en forma de síntomas para que te atiendas, para que te des importancia y busques tu bienestar.

La Terapia Gestalt se centra en “el aquí y el ahora”

En este enfoque se pone énfasis en lo que la persona experimenta y siente en el presente, entendiendo que el desequilibrio que le hace sufrir tiene lugar ahora y que es por ello fundamental centrarse en lo real, en lo que ocurre de verdad en el momento presente. Podemos ir al pasado para entender de dónde vienen los problemas, para identificar creencias irracionales que se aprendieron y que interfieren en que la persona se cuide a día de hoy. Para ello es necesario que también puedan salir emociones que están enquistadas (enfado, tristeza, miedo, etc.) y que tienen que ver con situaciones vividas. Respetamos todas las emociones, siendo conscientes de que hubo experiencias en el pasado que generaron dolor y que para sanar la herida emocional hay que poder vivir ese dolor y aceptarlo como algo, que aunque doliese o incluso fuese injusto, ocurrió.

En la Terapia Gestalt ponemos énfasis en el “darse cuenta” no de forma racional, sino sentida. El sentimiento es el que contiene la información más certera acerca de nuestra experiencia y acerca de lo que uno es, por lo que es importante integrar la información, asimilándola, no únicamente comprendiéndola.

Confrontación con la realidad:

Uno de los pilares de la Terapia Gestalt es el valor de la honestidad y de la responsabilidad. Es por ello que el terapeuta confronta si ve que el paciente no es consciente de datos de realidad actuales o si está esperando a que sea su entorno el que cambie o asuma la responsabilidad de su vida. En este proceso entra también la honestidad del terapeuta con respecto a cómo se siente en base a lo que le cuenta el paciente.

La honestidad supone salud y se construye desde que el paciente sea de verdad honesto con lo que siente y necesita y no se haga trampas en ese sentido. Si uno muestra con respeto lo que siente en el fondo y lo que le pasa, no puede haber nada que esté mal, porque la persona se está expresando desde su genuinidad.

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