Nudo en el pecho, en el estómago.
Sensación de mareo, quiero irme de aquí.
¿Y si me vuelvo loco, y si me ahogo o me da un ataque al corazón y no llego al hospital?
Que no se dé cuenta nadie, todos parecen tan normales, sin problemas.
Soy el único al que le pasa esto, ¿por qué a mi?
Calla, calla, calla, respira, actúa normal, que no se te note hasta que llegues a un lugar seguro.
Si alguien lo ve, ¿qué dirá de mi, qué pensará de mi?
Pensará lo peor y me sentiré solo y rechazado.
He llegado a casa, parece que me voy tranquilizando.
Mañana volveré a salir al mundo, con la ansiedad, que tapo con el control, con la armadura.
La armadura para protegerme de la guerra, como si ahí fuera la hubiese.
¿Y si no la hay?
¿Y si la guerra está ocurriendo dentro de ti? ¿Y si tú eres tu peor enemigo?
¿Y si no hace falta la armadura y puedes ir descubierto,
porque tus dudas, miedos e inseguridades no son malas, sino humanas?
¿Y si cuando llegue un golpe, sabes encajarlo e incluso sabes devolverlo con más fuerza de la que imaginas?
¿Y si tu ansiedad fuese tu debilidad elevada al cubo porque nunca has aceptado en ti un mínimo de vulnerabilidad
y por la tanto nunca la has mostrado con dignidad?
Quizás el primer paso sea mostrar todo lo que eres,
tus fortalezas y debilidades, pedir ayuda si la necesitas,
porque eso te hace auténtico y te hace grande.