En agosto de 2017 estuve 16 días en el campo de refugiados de Skaramagas en Atenas colaborando con una ONG noruega. En este corto periodo de tiempo conocí una realidad hasta el momento para mi desconocida. Aprendí mucho sobre la situación política y social de los refugiados, pero sobre todo tuve más contacto con un colectivo al que apenas conocía. Por diferentes razones, nunca había entablado una relación cercana con personas árabes, ni de religión musulmana.

En una explanada al borde del mar conviven 2500-3000 personas de diferentes nacionalidades: Sirios, Iraquíes, Kurdos, Afganos , Iraníes, etc. Todos ellos viven en caravanas que en ocasiones comparten dos familias, siendo la mayoría familias numerosas. Una habitación hace de dormitorio, cocina, comedor, etc. El hecho de que se alojen en caravanas, convierte al campo en uno de los más lujosos de Grecia, ya que en las islas las personas suelen vivir en tiendas de campaña.

La actitud de los refugiados

La mayoría de refugiados permanece alrededor de 1 año y medio/2 años allí, más los meses que han pasado en la isla de llegada. Personalmente, me sorprendió mucho la actitud alegre y positiva de los residentes del campo, cuando yo no podía evitar pensar de vez en cuando, “yo aquí me muero durante dos años, viviendo en una habitación con 4/5 personas, durmiendo en el suelo y despertándome todos los días sin ningún tipo de rutina de trabajo o de estudio”. Ellos en cambio, se levantaban día tras día con una actitud envidiable.

Por supuesto que también sufren. Han vivido una guerra y han emprendido un viaje muy peligroso, en el que han caminado durante días sin parar, los han detenido y retenido en contra de su voluntad, han sido víctimas de estafas y abusos por parte de mafias e incluso han sufrido la muerte de algún familiar.

Las experiencias traumáticas que han experimentado tienen obviamente un impacto psicológico: algunos te hablan de cómo les cuesta dormir, de que hay traumas que no pueden superar,  algunos son alcohólicos y desatienden a sus hijos, otros no salen de la caravanas durante el día, hay adolescentes que han viajado solos, ves a niños que estallan con agresividad contra los demás niños o a otros que apenas hablan.

Los niños son los más vulnerables de esta situación, algunos llevan casi toda su vida sin estar escolarizados (entre el tiempo de guerra en su país y los años en estado de espera hasta recibir el permiso de asilo) y después de este agujero en su biografía, esperamos que se integren a la perfección en el país de acogida. Lo sorprendente, es que quizás lo hagan, porque por lo que vi en las clases que impartía a adolescentes, tienen muchísima motivación por aprender, por mejorar y por cambiar el mundo en el que viven.

La generosidad desinteresada

Muchas veces después de las actividades (basadas sobre todo en el aprendizaje de idiomas y en proporcionar momentos de ocio) los residentes nos invitaban a los voluntarios a sus caravanas a comer. Qué sorpresa me llevé cuando llegué por primera vez y vi lo que te preparaban: parecía aquello un banquete. Qué comida más rica, pero sobre todo qué amabilidad. A pesar de las dificultades del idioma, me sentí como si estuviera en un hogar. Además, no te invitaban sólo una vez, sino casi todos los días, y cada vez que ibas había un banquete…

Esas comidas me dieron seguramente la energía suficiente para aguantar el calor asfixiante que se acumula en aquella explanada enorme de cemento, pero sobre todo me hicieron entender mejor y coger cariño a personas a las que no conocía.

Prejuicios

Al conocerlas me liberé de ideas preconcebidas que tenía con respecto a los musulmanes. Me imaginaba que los hombres actuarían de forma intimidante e irrespetuosa y que las mujeres tendrían una actitud sumisa, cohartadas de su libertad. En general creía que eran personas muy cerradas de mente.

Lo que vi fueron hombres abiertos, que mantenían un rol igualitario en la relación con su mujer. La pareja se trataba con respeto y afecto y los dos asumían por igual las tareas de la casa y de la crianza de los hijos. A las mujeres les caracterizaba una actitud positiva y alegre: iban a clases, bailaban, se reían, te abrazaban, hacían bromas… Obviamente, pertenecen a una religión que es en su base machista, sobre esto no hay duda. Pero no todo es blanco o negro y después de lo que he visto, yo por lo menos, he decidido respetar su religión mientras a ellos/ellas no les suponga un problema.

Nuestra actitud

Los refugiados son supervivientes. En las historias que pude escuchar había dolor, tristeza, pero también entereza y ganas de salir adelante, de salir de una guerra en la que se ha secuestrado, vendido, violado, mutilado, ahorcado y matado a mujeres, hombres y niños. Y no de forma aislada, sino repetida. Ellos huyen del ISIS , lo conocen mejor que nadie y probablemente lo temen más que nadie. Los refugiados son víctimas de estos fanáticos, a los que dan mil vueltas como humanos y como musulmanes.

Son personas que han caído, han estado en un agujero, pero que se están levantando con una actitud admirable. Por primera vez he visto lo que es la resiliencia en su forma más pura. Es por ello que siento mucha pena cuando veo que a su llegada se encuentran con países que ponen muy difícil su integración, que en ocasiones los discriminan y que les mantienen en un estado de incertidumbre y eterna espera, vagando de un campo europeo a otro (de un campo griego a un campo alemán, por ejemplo), que desesperaría a cualquiera.

Alguién que está superando un bache con tanta entereza y dignidad no merece otra zancadilla y menos del que supuestamente le está tendiendo una mano. La inmovilidad de Europa y la falta de medidas eficaces para su integración están siendo esa zancadilla.

Detrás de una nacionalidad, de una religión o de una vestimenta hay personas como nosotros. Son supervivientes que están en un estado de mucha vulnerabilidad y que por ello necesitan nuestra ayuda, al igual que todos la hemos necesitado en algún momento.

A ti, con tu historia, cultura, religión, virtudes y defectos, ¿cómo te gustaría que te trataran si tuvieras que pedir ayuda en un país extranjero?  ¿qué crees que necesitarías para recuperarte?