E l duelo perinatal aparece cuando una madre pierde a su bebé durante la gestación, en cualquiera de sus fases, ya sea a través de un aborto espontáneo o provocado.

Se entiende el duelo como la pérdida de alguien/algo con el que se mantenía un vínculo afectivo. Puede tratarse de la muerte de personas, pero también de animales e incluso de objetos significativos.  Parkes y Bowlby describieron una serie de fases por las que pasan las personas al atravesar un duelo:

  • Aturdimiento: la persona lleva a cabo un mecanismo defensivo basado en la negación de lo que ha ocurrido. No se ve capaz de asumir que aquello que quería, ya no estará y que deberá seguir su vida sin él/ella. Aparece cierta disociación, en tanto la persona sabe que ha ocurrido, pero no lo ha procesado, haciendo como si no hubiese pasado. No está preparada para asumir la pérdida todavía. Suele durar tan solo unas horas.
  • Protesta: aparece un intenso enfado, porque uno siente que lo que vive es injusto, que no debería haber pasado. La persona no entiende las claves de lo ocurrido, preguntándose constantemente el porqué de la pérdida.
  • Anhelo: normalmente pasado el enfado aparece la tristeza, que encubre el dolor y el vacío que deja la pérdida. La tristeza nos habla del anhelo por aquello que uno tanto quiso.
  • Reorganización: pasado un tiempo, se acepta que el otro no volverá y que la vida debe de continuar sin él/ella. Se le otorga un espacio en el corazón y en el recuerdo, pero se asume que la interacción real con esa persona no volverá a tener lugar y que es necesario abrirse a nuevas experiencias significativas.

El duelo perinatal suele tener una serie de particularidades. Es habitual que aparezca un sentimiento de culpa irracional en la madre basado en la creencia de que quizás se podría haber evitado“¿Y si me hubiese cuidado más? ¿Y si no hubiese hecho…? ¿Y si…?” . Además, existe cierta incomprensión social respecto a este duelo. La pérdida tras un aborto no está tan socialmente reconocida como otros duelos que sí se expresan más abiertamente. La sabiduría de otras mujeres, que han pasado por experiencias similares queda oculta, porque apenas se habla de estos temas en los círculos cercanos a la pareja.

A menudo no se entiende el dolor de los padres, ya que se considera que al no haber nacido el niño, no puede existir un vínculo afectivo. Son habituales comentarios que no escucharíamos en otro tipo de duelos: “Bueno, ya tendrás oportunidad de tener otro hijo; Esto ya te ha pasado antes, ya estarás acostumbrada; etc.”.

Aunque el niño no haya nacido, los padres sí han podido establecer un vínculo basado en sus expectativas y deseos. Puede que ellos ya se hayan imaginado si será niño o niña, puede que hayan fantaseado con cómo será su personalidad, con cómo vivirán todos en familia y lo felices que serán con su llegada. Para ellos ya es su hijo aunque no haya nacido. La madre por su parte, experimenta una conexión única con el bebé, ya que lo lleva dentro de sí misma y esto hace que su vínculo sea especial.

El duelo del padre experimenta una mayor incomprensión, aún. Su dolor no suele ser escuchado, porque él no ha experimentado las sensaciones físicas de la gestación ni del aborto. Lo que ocurre es que él también ha perdido a su niño imaginado, a él también se le han roto sueños. Además, vive una mayor censura social en torno a la expresión de la tristeza. Creencias como que, cuando un hombre llora está perdiendo su masculinidad; que un hombre no se puede venir abajo, porque debe “sostener” a su familia; o que llorar es de débiles, no ayudan a que los hombres puedan regular sus emociones adecuadamente tras la pérdida.

En ocasiones aparecen incluso conflictos de pareja, ya que las diferencias a la hora de expresar o gestionar las emociones, pueden dar lugar a malentendidos. Una madre que expresa con su pareja su dolor, puede percibir que a él no le importa si ve que no reacciona de la misma manera. No obstante, es probable que el padre sienta también una intensa pena, pero lo gestione distrayéndose o viviendo su tristeza en soledad. En estos casos sería importante que la pareja hablara de lo que le está ocurriendo a cada uno con la mayor sinceridad posible (“me agobia esta situación y mi forma de superarla es mantenerme ocupado, pero sí estoy triste, aunque no lo parezca”).

Para que un duelo no se complique y la persona no se quede estancada en su dolor o bloqueada por el miedo a una nueva pérdida, es conveniente llevar a cabo una serie de tareas:

  • Expresar: Es importante que los padres se permitan sentir sin censurarse (“no debería estar sintiendo esto; ya debería estar superado”) para después ser capaces de expresar su dolor, enfado, miedo, etc. A veces obtendrán el apoyo emocional que necesitan y otras no, pero lo más importante es que ellos sí se respeten a sí mismos.
  • Buscar apoyo: Llorar por si solo no es curativo. No es lo mismo llorar en soledad que hacerlo con alguien. Cuando uno muestra lo que siente puede obtener el apoyo y la guía que necesita. La ayuda del otro le puede dar fuerzas para afrontar las dificultades.
  • A algunas personas les ayuda hacer rituales de despedida, por ejemplo a través de una carta. Es una forma de asumir la pérdida y de cerrar una etapa.
  • Continuar con los propios planes de vida e ir detrás de lo que a cada uno le hace feliz, sin que el miedo al dolor los inmovilice. Si los padres desean seguir intentando tener un hijo será importante que luchen por ello, pero también deberán de ser capaces de abandonar sus intentos si llega un momento en el que el proceso es demasiado doloroso. Valorar otras opciones que les reporten bienestar y satisfacción, implica flexibilidad y salud.

No hay forma de curar un duelo, el dolor es inevitable, ya que nadie puede devolverte lo que has perdido, pero sí se puede superar e incluso aprender de la experiencia. Recibir apoyo y afecto del entorno ayuda enormemente en este proceso. Sería para ello necesario que se considere al duelo perinatal como otro cualquiera, con el respeto y la dignidad que merece.

 

 


Bowlby, J, “El Apego y la Pérdida”: trilogía de “El Apego” en 1969, “La Separación” en 1972 y “La Pérdida: Tristeza y Depresión” en 1980, London: Hogarth Press.

Parkes, C.M., “El primer año de duelo: Un estudio longitudinal de la reacción de viudas de Londres ante la muerte de sus maridos”, Psychiatry: Journal for the Study of Interpersonal Processes, Vol. 33, 444-467, 1970