Identificar qué es lo que uno teme de verdad

C uando una persona experimenta ansiedad ocurre que anticipa una amenaza, apareciendo sensaciones corporales y pensamientos rumiantes que informan de que algo malo puede pasar. No tienen porque ser grandes catástrofes, sino que son pérdidas con una implicación emocional que uno se ve incapaz de asumir. Puede ser miedo a perder la salud, a la muerte de seres queridos o de la tuya propia, a perder el amor de tu pareja o de otras personas, a que no te valoren, a fracasar, etc. Cada uno, en función de sus experiencias tendrá unos miedos u otros que cuando percibe que pueden hacerse realidad, hacen que se tambalee emocionalmente. No siempre es fácil identificarlos, normalmente lleva su tiempo ir a la raíz y ver qué es lo que está verdaderamente en juego para cada persona.

Asumir que eso que uno teme puede pasar o incluso va a pasar

La mayoría de los miedos no son irracionales, podrían pasar en cualquier momento: la pérdida de salud, la muerte, el rechazo o el abandono son situaciones a las que todos estamos expuestos. No obstante, suele ser complicado asumir que el tiempo deteriora el cuerpo y que la salud se va, que un día te tendrás que despedir de la gente que quieres, que hay cosas de ti que son rechazables si tenemos en cuenta que puedes no gustar a pesar de tus esfuerzos, que puedes dar lo mejor de ti mismo y que no te quieran, etc. Asumir esto implica exponerte al dolor y esto da mucho miedo.
Lo que ocurre es que si uno no se arriesga no puede ni ganar ni perder. La ansiedad tiene su funcionalidad que es protegerte, anticipando amenazas para que no sufras, como ya lo hiciste una vez. El problema es que te priva también de lo positivo, de lo que te llena e ilusiona, porque sólo entregándote sin defensas y confiando puedes sentirte bien contigo mismo y con los demás. Relacionarse sin defensas implica poder expresar tanto lo que a uno no le gusta o interfiere en su relación con el otro, como la alegría, la conexión o el amor.
Cuando te permites sentir los sentimientos positivos, sueles ganar en seguridad y en felicidad. Queda entonces confiar en que cuando aparezca lo malo, ese dolor que tanto se intenta evitar, la persona haya aprendido durante el camino recursos que le ayuden a manejar mejor esa situación. Queda confiar en que te caerás y te levantarás y si has aprendido a pedir ayuda mejor, porque tendrás más posibilidades de levantarte antes y de curar mejor tu herida.

Acordarte de tus valores, de quién eres y de lo bueno que hay en ti

Mejor que tú no se conoce nadie, tú has andado en tus zapatos durante toda tu vida, así que sabes por lo que has pasado y por qué has hecho lo que has hecho en cada momento (tanto lo que ha salido bien como lo que ha sido un error). Evita focalizarte en los fallos cometidos y reconoce lo que has avanzado y sí has logrado. Recuerda los valores positivos que te han enseñado, aquellos que a veces se olvidan, pero que son los que te definen y te guían. No te machaques por tus errores porque es inútil, ya que el látigo no es un buen método de aprendizaje. Intenta hablarte a ti mismo como lo harías con un amigo, darte los mismos consejos porque suelen ser más sabios y útiles que la autocrítica severa.

Ver el mundo y tu realidad desde otro prisma

Las verdades que han dirigido tu vida o tus opiniones no son siempre ciertas. Hay diferentes formas de analizar una situación y lo que para ti es verdad para otro es mentira, por eso es importante valorar que hay otras opciones. Por ejemplo, en la relación de pareja es habitual encontrarse con la siguiente creencia: si muestro alguna debilidad concreta a mi pareja, me va dejar de valorar e incluso de querer. Puede que sí o puede no, y es que puede que sienta cierta liberación porque ha visto tu vulnerabilidad. Puede que verte humano/a, le ayude a permitirse ser él/ella mismo/a contigo, sintiéndose más libre, aceptado/a y feliz. Puede que su reacción sea ayudarte y no echar a correr. Si en este caso ocurriera lo que temes, te tocará replantearte si es un fallo tuyo o suyo: si hay algo de malo en que expreses debilidad o si el verdadero problema es que su forma de querer es muy pobre y superficial.

Asumir que la ansiedad no desaparece de un día para otro

La ansiedad no se va de un plumazo, hay que convivir con ella mientras la persona mejora sus habilidades personales para afrontarla. Los miedos se van haciendo más débiles, pero es muy probable que perduren durante un tiempo prolongado, sobre todo si llevan mucho tiempo instaurados. Se trata de aprender a gestionarlos mientras van perdiendo fuerza, hasta que llegue un día en el que dejen de bloquearte y dominarte.

Para lograr la toma de conciencia, aceptación y cambio de determinadas creencias, suele ser necesario un proceso terapéutico, ya que el cambio no siempre es sencillo ni fácil de mantener en el tiempo, pero con implicación y constancia, es posible que la ansiedad disminuya a niveles saludables, permitiendo a la persona recuperar una vida normal y plena.

A veces abandonar lo conocido da vértigo, pero cuando la zona de confort deja se serlo y más que dar seguridad genera una sensación de descontrol y sufrimiento, es necesario arriesgar e incorporar nuevos puntos de vista, es necesario actualizarse.