¿En qué consiste el cambio?

Las personas cambian no solo cuando entienden de manera lógica que lo que hacen no es razonable para alcanzar sus objetivos, sino cuando comienzan a reaccionar emocionalmente de una manera distinta a una situación, persona, o cualquier otro tipo de estímulo. Las reacciones emocionales no dependen de nuestra voluntad, ya que operan de manera automática, por lo que no podemos conscientemente activar una emoción cuando nos dé la gana. Sí que uno puede provocar el contexto que, basándose en su experiencia, le suele generar emociones determinadas (por ejemplo, para sentirte bien puedes intentar distraerte con amigos, puedes ponerte a ver una película divertida, etc.).

¿Cómo nos afectan las creencias irracionales?

Cuando uno quiere modificar algo en sí mismo, es porque le genera malestar o sufrimiento. Normalmente suele tratarse de alguna creencia irracional que limita su capacidad de encontrarse bien en determinados contextos, de los que en realidad no se quiere alejar porque objetivamente sabe que no son amenazantes o que incluso pueden enriquecerle.

En estos casos es importante identificar primero cuál es la creencia, en qué se basa, para más adelante tratar de cambiarla. Aunque en la actualidad sea irracional, la persona ha generado esa forma de pensar en base a su aprendizaje y experiencia vital, y seguro que en algún punto de su recorrido hubo una base realista para creer en ello. El problema aparece cuando dichas creencias se generalizan, en un intento por no volver a sufrir.

Ejemplo de una creencia irracional

Aparece en ocasiones la percepción de que cuando alguien te mira “mal” o te contesta “mal”, significa siempre que te está rechazando como persona, lo cual te puede llevar a creer que eres inadecuado, que hay algo malo en ti que debes cambiar, porque para ser valioso tienes que ser aceptado por todo el mundo. Ante esa sensación de rechazo podrías reaccionar inhibiéndote o por el contrario respondiendo de manera agresiva. Si posteriormente analizas lo ocurrido racionalmente puede que pienses: “¿Por qué me he puesto así? ¡Si no ha pasado nada! Esa persona solo ha mirado de una determinada manera y tampoco es tan grave lo que me ha dicho”.

Pero aunque realices ese razonamiento, es muy probable que ante las mismas claves, reacciones de manera similar en el futuro.  En el fondo crees que la evaluación que haces de la situación es correcta, te da una sensación de control, aunque a la larga te esté cortando las alas.

¿Cómo se pueden cambiar las creencias irracionales?

Para que uno cambie dichas creencias de manera profunda y sostenida, tiene que modificar la evaluación inicial de la situación. Para ello es conveniente que tome conciencia de dichas creencias de manera minuciosa e identifique en qué circunstancias aparecieron, entendiendo que en el pasado, cuando se creo dicha creencia, la persona reaccionó de la mejor manera que pudo. En nuestra sociedad siempre vamos a encontrarnos con la crítica e incluso con el rechazo. Todos cometemos fallos, de los cuales, al ser señalados, podemos aprender, mientras que en otras ocasiones tendremos que asumir que no estamos de acuerdo con dicha crítica o aceptar que hay personas con las que no somos compatibles.

En el ejemplo anterior parece que la principal motivación sea lograr una sensación de pertenencia, pero, ¿a qué precio? ¿al precio de llevar una coraza y perdértelo todo?

Es importante volver a conectar con lo que de verdad te motiva y te hace crecer, que quizás no sea que todo el mundo te acepte, sino que, si es que te aceptan, sea a ti, sin ser perfecto, pero a lo que tú eres en esencia.

La nueva motivación, tiene que tener fuerza, ya que para cambiar una creencia irracional hay que combatirla con una creencia de mayor peso, que te convenza de verdad, que te movilice de verdad, que sea visceral.